24 de Julio de 2015
Torreón, Coahuila
DE QUE SIRVE SOÑAR
Originalmente
las personas tendemos a soñar, desde la infancia hasta la vida adulta.
Imaginamos que hacer si un día nos ganamos la lotería, o incluso de niños o jóvenes
podemos imaginar que hacer con "x" cantidad de dinero si un día lo tuviéramos,
o que haríamos con nuestro tiempo si no tuviéramos que ir a la escuela o a
trabajar, o si entráramos más tarde, si nos pudiéramos desvelar, si no tuviéramos
que pedir permiso, si pudiéramos viajar, etc. Esos deseos son típicos
en nuestra juventud, o al menos en la mía. Por supuesto el tiempo pasa y esa
distancia que nos separan de algunos de los momentos o situaciones de nuestras fantasías, nos alcanzan. Esos momentos claro que no se parecen mucho a lo que soñamos, cuando
nos pudimos desvelar, quizás lo que queríamos era dormir más, y cuando tuvimos
ese dinero que antes parecía una riqueza, ahora lo gastamos en cuantos inertes
gastos desabridos. ¿Pero entonces que pasa con nuestros sueños?, pareciera que
son inútiles ingenuidades carentes de sentido, sin embargo no es así.
Cuando
soñamos no podemos hacer nuestros sueños realidad, lo mejor que podemos hacer
es ponerlos en algún sitio de nuestra memoria. Pienso en las brechas de las
rutinas, brechas donde tenemos las cosas un poco bajo control, brechas de
estabilidad, de paz o de inspiración desesperada, dichas brechas son los únicos
y precisos momentos donde tenemos que recordar estos sueños fantásticos, sueños
llenos de esperanza, justicia, ambición. Solo en estos momentos donde no
sabemos que hacer con el tiempo, con el dinero y el espacio podemos darles un
sentido a los mismos y a nuestra propia vida recordándolos. Ahí cambiamos de
rumbo, aceleramos pasos, incrementamos esfuerzos, reencontramos amistades,
limamos asperezas, viajamos, nos reivindicamos con nosotros mismos y hacemos lo
que tenemos que hacer para revivir de la rutina. Con ello generamos nuevos
deseos que por muy lejos que se encuentren de ser una realidad, un día serán
recordados en una brecha de nuestra rutina futura y traídos de vuelta a una
realidad de oportunidades. Por esto y solo por esta remota posibilidad, vale la
pena soñar, porque si no los olvidamos, un día cuando menos lo pensemos los podríamos hacer realidad.
Alhelí Calderón Villarreal
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